

El Romanticismo musical abrió un territorio de libertad expresiva donde el color sonoro adquirió una dimensión casi pictórica: la música dejó de ser una forma abstracta para revelar el paisaje emocional del individuo. En este recital, la pianista Marta Puig (Barcelona, 1992) propone un recorrido por esa trasformación, a través de obras que dialogan entre el corazón del siglo XIX y sus proyecciones en la modernidad.
El programa propone un sugerente recorrido por tres aproximaciones muy distintas al lirismo pianístico. Los cuatro Impromptus op. 90 de Franz Schubert despliegan una escritura íntima y cantabile, donde la espontaneidad aparente se equilibra con una arquitectura sutil y profundamente expresiva. Con los Impromptus op. 14 de Alexander Scriabin, el discurso se adentra en un lenguaje más audaz y visionario, donde el romanticismo tardío comienza a transformarse en una atmósfera de tensión armónica y exaltación poética.
El concierto culminará con las Variaciones sobre un tema de Chopin de Federico Mompou, una obra de delicada introspección en la que el compositor catalán dialoga con el espíritu chopiniano desde una estética depurada, esencial y contemplativa.


Cuando la razón ilustrada dejó preguntas sin respuesta, la música se convirtió en el territorio donde el individuo podía escucharse a sí mismo. Al nacer con ella la noche interior —el gesto inconfesable, el temblor de una pasión que no cabe en las palabras—, el Romanticismo puso al yo, y a su corazón, en el centro de la historia.
El Invierno del Romanticismo propone redescubrir ese impulso en pleno invierno a través de un recorrido por el color, la emoción y la palabra hecha canto. El ciclo reúne una conferencia y tres citas musicales en las que la voz y el piano, la intimidad del lied y la fuerza teatral del repertorio operístico dialogan para revelar paisajes emocionales.
Con Marta Puig al piano, se exploran transformaciones sonoras que conectan el siglo XIX con proyecciones modernas; con Susana Cordón (soprano) y Leonor Salinero (piano), el lied aparece como encuentro esencial entre poesía y música, con obras como los Wesendonck-Lieder de Wagner. El ciclo culmina con Verdi: Pasión y drama, a cargo del Cuarteto Sull’aria con la participación de tenor y soprano, como homenaje a un compositor que convirtió la voz humana en vehículo directo de la emoción.