Prudencio Irazábal
Obras del artista
Tras una dilatada trayectoria marcada por la lentitud y por la reflexión, por el perfeccionismo que no renuncia a la perfección esforzada, a través del cristal, (parafraseando el conocido cuento de Lewis Carroll), parece ser la inagotable fuente de inspiración en la que bebe este singular artista. Irazábal se aleja del arte moderno en su incondicional aceptación del ilusionismo como elemento vital de la pintura y en su fascinación por la profundidad espacial, que es la razón última de la presencia del ilusionismo en su obra.
El trabajo artístico de Prudencio Irazábal se inscribe en ese resurgir de la buena pintura que se está produciendo a lo largo y ancho del panorama internacional. Su pintura presenta claras referencias a algunos artistas de la llamada abstracción lírica (especialmente Rothko, pero también James Turrell o Fernando Zóbel) y se haya muy imbuida de determinados supuestos musicales y visuales: la búsqueda de la pureza sensorial, la transmisión de emociones con los mínimos elementos, la vibración de la luz, el juego de transparencias, de veladuras, de reflejos
Por si esto fuera poco ilusionismo y profundidad espacial, Irazábal acepta la noción de acabado como algo vitral en su obra. Concepto éste de clara raigambre académica y tan malinterpretado durante el siglo pasado.
Con todo, este pintor quiere llegar al algo que sea fundamental en la pintura. Búsqueda de lo esencial inherente a esa manifestación artística que denominamos abstracción. Llegados a este punto, quizás no esté de más recordar uno de los rasgos principales de cualquier lenguaje poético: el qué (se dice) es inseparable del cómo (se hace). Desde esta perspectiva, se entiende la importancia -la validez- de una apuesta pictórica circunscrita a la realización de la obra misma, alejada de corrientes contextuales de incierto futuro.
Los cuadros de Irazábal tratan el color como algo inasible. Como algo que, de alguna manera, siempre está “detrás” de la superficie cristalina del lienzo. Pero no al modo paisajístico del cuadro como ventana abierta al mundo exterior, sino porque su carácter objetual precede e incluye su contenido en tanto que imagen, en este caso, sinónimo de color.
