Curro González
Obras del artista
En los años ochenta Curro González estuvo vinculado al espíritu renovador de un grupo de jóvenes que se congregaron alrededor de la revista de arte Figura, surgida en la ciudad natal de este pintor sevillano. La pintura que realizaba entonces, a partir de sólidas raíces literarias, insistía en la construcción de un mundo de emociones ralentizadas, de distanciamiento reflexivo, muy alejado de los ardores neoexpresionistas tanto de la transvanguardia italiana como de los jóvenes salvajes austriacos y alemanes. Esa contención emocional se transmitía mediante una gama cromática igualmente contenida, con dominantes grisáceos y una técnica pictórica muy laboriosa y cuidada, casi academicista.
A finales de los noventa se produce un cambio importante en su trabajo: Amplía significativamente los formatos y la capa pictórica, mucho más ligera, se aplica de un modo directo sobre la tela de lino dejando entrever el soporte pictórico. Las eruditas referencias artísticas no dejan de inspirar su particular universo creativo, pero ceden protagonismo ante la enorme potencia visual de sus cuadros.
El melancólico pertenece a su última exposición (Galería Tomás March, Valencia) constituyendo una pieza muy representativa de la producción plástica de Curro González, en la que la dimensión alegórica de su imaginario exquisitamente articulado convive perfectamente con una dicción pictórica de gran frescura y perturbadora belleza. A partir de un famoso grabado de Durero, Curro González nos presenta, en un fantástico contraluz, a un personaje suspendido en el vacío, apenas apoyado de puntillas en la cornisa de un edificio desde el que contemplamos (los espectadores) ese abismo cultural construido por el ser humano.
