Miguel Ángel Campano
Obras del artista
Cursó estudios de bellas artes en Madrid y Valencia. Sus primeros pasos en el campo de la pintura (disciplina que jamás ha abandonado y que siempre ha practicado en entrega absoluta) estuvieron marcados por el constructivismo y la abstracción geométrica. Su trabajo da un giro significativo tras su traslado a París entre 1976 y 1977, en el que el trazo, el gesto y la materia adquieren mucho protagonismo. A destacar la influencia de los postulados del expresionismo abstracto americano así como de la tradición literaria y vanguardista de la cultura francesa. En este sentido, se puede afirmar que la obra de Campano ha discurrido como un diálogo constante entre la actividad creadora individual y el pasado histórico colectivo.
Varios temas de origen pictórico o literario constituyen el punto de arranque de las distintas series en las que ha desarrollado el quehacer plástico. Cézanne, el paisaje de la Provenza y Pousin, se han convertido en referencias casi obsesivas en torno a los cuales articuló su trayectoria durante los años ochenta, siendo su aportación indispensable y su presencia ineludible en el panorama artístico nacional.
En la década de los noventa, su pintura abandonó el juego citacional y se tornó radicalmente austera, reduciéndose el color al binomio blanco/negro sobre tela blanca o cruda, sin imprimar. A pesar de tan rigurosa economía de medios, Campano ha obtenido resultados de una gran riqueza y potencia visual. Precisamente a esta última etapa pertenece la obra de nuestra Colección. Es una pieza singular que se aparta de las formas geométricas -rectangulares, circulares, trapezoidales, con las que organiza reiteradamente el espacio bidimensional pictórico- y recupera el trazo. La presencia del gesto -contenido y libre a la vez- y sintéticas referencias figurativas -red y peces- subrayan los aspectos más relevantes de este cuadro.
