Rosa Brun
Obras del artista
Su obra se sitúa en un complejo cruce de exploraciones y actitudes artísticas caracterizadas por un desplazamiento de las fronteras: el cuadro, la escultura, la construcción del espacio y de la representación.
Sus trabajos de principios de los noventa estaban más alejados del soporte bidimensional pictórico; el material, lo objetual, incluso la interacción con la dimensión horizontal y vertical del espacio fueron cediendo el protagonismo al color superficial, y más concretamente, a la oposición cromática de dos superficies diferenciadas.
Asimilando la herencia de un siglo de abstracción, la obra de Rosa Brun plantea una dirección “expansiva” a la de la pintura abstracta, ampliando las posibilidades de sus obras más allá de sus límites físicos: la utilización de pesadas planchas de hierro o de madera como base de la pintura y las asociaciones del color con la materia del soporte, las resonancias de los materiales en el espacio circundante.
La construcción de un lenguaje fronterizo cuyo fin, más que fijar convenciones, códigos y signos, es excarvar, perforar, cruzar, abrir rutas y extender mapas de recorrido en los que el color y la superposición o contigüidad de los materiales conforman nuevos efectos de sentido.
Rosa Brun trabaja con las superficies planteando, en definitiva, la secular dialéctica entre la realidad y las apariencias. Entre el ser y el parecer, oscila en buena medida el hilo discursivo del que ha ido tirando concienzuda y perseverante. Su trabajo ha oscilado entre una abstracción cromática, lírica y una especie de realismo matérico. Ambivalencia que cuestiona el establecimiento de límites y fronteras, de categorizar términos y definiciones. El mundo de los colores y de las materias, de la realidad y de la apariencia, se tambalea como la seguridad de saber qué es pintura y qué no lo es.
